— Señores guardianes, ayer les comenté que hoy traería a una joven para ver al Señor del Inframundo.
Los guardianes miraron a Liliana, quien alternaba la mirada entre ellos y Zacarías, confundida.
Zacarías le indicó:
— Pon las manos con las palmas hacia arriba. Aparecerá algo.
Liliana obedeció y, para su sorpresa, un puñado de monedas antiguas se materializó en sus manos.
Zacarías le susurró:
— Ofréceselas a los guardianes.
Liliana se apresuró a extender las manos con las monedas hacia ellos.
Lo