Luego, se quitó su chaqueta y la puso sobre los hombros de Liliana.
Liliana lo miró perpleja. —¿Qué haces aquí?
Fabián, con el ceño fruncido y los labios apretados, no respondió mientras abrochaba los botones de la chaqueta.
Al ver que no quedaba ni un centímetro de piel expuesta, Fabián relajó un poco el ceño, pero aún no daba explicaciones.
En ese momento, Rodrigo ya se había levantado del suelo.
Escupió sangre al suelo y miró furioso a Fabián. —Fabián, ¡¿me estabas siguiendo?!
Fabián se volvi