—¿Acaso te obligué a invitarme?— replicó Liliana sin rodeos.
Rodrigo frunció el ceño. —No, no me obligaste, pero al menos no te negaste, ¿verdad?
—No me negué, es cierto. Vine a verte solo para ver lo cobarde y débil que eres,— le espetó Liliana con desprecio.
—¡¿Cobarde y débil?!— Rodrigo rió de rabia. —¿Y quién no lo es? ¿Fabián?
Liliana asintió. —Exacto, él tiene más agallas que tú y además creería lo que digo.
—Si es así, ¿por qué no sales con Fabián?— Rodrigo se enfureció visiblemente.
—Vay