Fabián se tambaleó ligeramente y levantó la mirada hacia Rodrigo, que pasaba a su lado.
Los otros dos compañeros de cuarto, acostados en sus camas, miraron al oír el ruido.
—Rodrigo, ¿qué más da si Fabián y Liliana se conocen? ¿Por qué te enfadas tanto? Ya le diste un puñetazo.
Rodrigo se sentó en una silla, poniendo los pies sobre el escritorio. —No se metan en lo que pasa entre él y yo.
—No es que queramos meternos, pero los cuatro compartiremos habitación por años. ¿No podríamos llevarnos bie