Ximena miró de reojo el teléfono sobre la mesa. Hasta ahora, Alejandro no había respondido ni a sus mensajes ni a sus llamadas.
Negó con la cabeza y dijo:
—No lo sé, tal vez esté ocupado.
Selene miró su reloj de pulsera: —Aún falta mucho para la medianoche, esperemos un poco más.
Ximena y Selene fueron juntas a la cocina a lavar los platos, mientras Andrés se sentó en la sala con Liliana en brazos para charlar.
—Liliana, ¿te parece bonito este lugar? ¿Acogedor?—preguntó Andrés con ternura en lo