La conversación entre ellos hizo que los dos hombres parados a corta distancia le dijeran en voz baja a Dolores, con quien estaban hablando:
—Señorita Olivares, el técnico llamado William ha tomado como rehén a la señorita Pérez. Tienen un arma. ¿Qué debemos hacer ahora?
Dolores miró a su alrededor. —No hace falta que intervengan, pero tampoco se vayan. Siéntense en algún lugar del vestíbulo, solo para intimidar un poco. En cuanto a cómo resolver lo de Ximena, yo me encargaré.
—Sí, señorita Oliv