Nicolás y Leo levantaron la cabeza de repente para mirar a Alejandro. Sin siquiera consultarse entre ellos, ambos dijeron al mismo tiempo:
—¡Lo prometimos, así que definitivamente perseveraremos!
Todos los presentes, al ver la sinceridad y determinación en los rostros de los dos niños, no pudieron evitar asombrarse.
Sin duda eran hijos de Alejandro, sus genes eran tan poderosos que dejaban a todos boquiabiertos.
Al mediodía, después de almorzar, el grupo descansó un poco.
Alrededor de las dos de