Llegaron a la puerta del salón, Alejandro abrió la puerta de una sola patada. Cuando vio a Ximena, con la mejilla hinchada y cubierta de sangre, siendo sometida debajo de alguien, la sangre le ebullo. Un destello de sed de venganza brilló en sus ojos oscuros, y una sombría presencia alcanzó su punto máximo.
Avanzó decididamente hacia el hombre calvo, su apuesto rostro se llenó de una fría ferocidad mientras propinaba un fuerte puntapié que lo hizo retroceder. Sin perder tiempo, agarró una botel