La voz del hombre asustó a Ximena, quien se giró de inmediato. ¿Cuándo Alejandro se había acostado a su lado? ¿Cómo no lo había sentido en absoluto?
Ximena trató de ocultar su inquietud y bajó la mirada. Respondió:
—Sí, fue solo una pesadilla.
Alejandro se sentó y trató de calmarla:
—Los sueños son lo opuesto a la realidad, no te preocupes demasiado.
Ximena cambió de tema:
—¿Cuándo entraste aquí?
—Alrededor de las tres de la madrugada. No quería despertarte al llegar tan tarde —respondió Aleja