Ella entró llevando personalmente los regalos y, siguiendo al mayordomo, se encontró con Don Ramón. Manuela lucía una sonrisa elegante en su rostro y, con una voz dulce, saludó:
—Don Ramón, hola. Gracias por invitarme hoy.
Después de saludar, inclinó ligeramente la cabeza. Don Ramón la observó fríamente y le respondió:
—Siéntate.
Manuela entregó los regalos al mayordomo y tomó asiento en el sofá. Don Ramón continuó: —Hoy te he llamado para preguntarte qué opinas de Ximena como persona.
Manuela