—Otra vez papá, ¿por qué te gusta tanto presumir? ¿De dónde papá?
—¡No me obligues a usar la fuerza!— dijo Liliana con fiereza.
—¡Ajajaja, miren, esta bastarda incluso me amenaza!
—Jefe, ¡merece una paliza! Si no le damos un escarmiento, ¡ni sabrá lo que es bueno!
—Tómenselo con calma, no la golpeen demasiado. La última vez que la empujamos, volvió a casa llorando.
Pronto se escucharon gritos e insultos por el teléfono.
No solo de Liliana, sino también de algunos niños varones.
Ximena se estreme