Nicolás apretó sus pequeños puños a los costados y dijo con un suspiro: —No es así, mamá. Fui yo quien te lastimó por ser demasiado impaciente...
Ximena miró a su hijo en silencio.
De repente pensó en el dicho —los hijos crecen y se van—. Aunque Nicolás aún no era adulto, su mentalidad era como la de un niño mayor.
Ximena sintió como si tuviera una gran piedra en el pecho. —Nicolás, sé que tienes tus propias aspiraciones, y yo también tengo mis apegos. Si realmente quieres ir, no te lo impediré