Alejandro miró a Damián y dijo:
—Señor Pereyra, ya que se ha recuperado, ¿por qué no regresa a su territorio en lugar de quedarse aquí esperando a que Samuel lo encuentre?
Ximena notó claramente los celos en el tono de Alejandro.
Apenas llegó Damián y ya lo estaba echando. Solo él haría algo así.
Ximena intervino rápidamente:
—Damián, no le hagas caso. Siéntate, por favor.
Damián se sentó en el sofá sonriendo.
—Todos cometemos errores alguna vez, ¿no es así, señor Méndez?
Alejandro resopló.