Al principio, Yulia me trataba bien, al menos en casa. Me seguía tímidamente, llamándome "hermanita" con una linda sonrisa. Hasta que notó cómo papá y Alejandro me ignoraban. Entonces ella también empezó a maltratarme de igual manera.
Me di cuenta de que Yulia no era realmente alegre. Una vez me acorraló en el baño de la preparatoria, dejando así, que otras muchachas me jalaran el pelo y me golpearan donde no se vieran las marcas.
— No me odies, Lucía —me dijo—. Odia más bien a Alejandro. Él per