—No hables así de Lucía —intervino Yulia de inmediato—. Debe estar molesta. Es mi culpa, si no fuera por mí, ella no estaría tan enojada contigo.
Vaya, era algo típico de Yulia. Hipócrita y zalamera. No podía relacionar a esa niña con la imagen dulce de mi madre que había visto en las fotos familiares. ¿De verdad creían que se parecían?
—Qué generosa eres, Yulia —repuso Alejandro, acariciándole la frente con ternura—. Lucía te trata tan mal y tú siempre la defiendes.
—Papá dejó claro en su testa