Ella recordaba vívidamente el año en que tenía seis años y justo cayó al agua, recordaba al hermano que la salvó. A la altura de ella, solo alcanzaba su pecho, él parecía un gigante, sosteniéndola firmemente en los brazos, sacándola del agua y alejándola rápidamente del borde de la fuente.
Recordaba la claridad en sus ojos, como si los afanes y placeres mundanos fueran ajenos a él. Él era como un dios descendido a la tierra.
Yaritza miraba fijamente el anillo en su dedo meñique, perdida en sus n