Las palabras de Yaritza asustaron muchísimo a Laín, quien rápidamente pisó el freno. Luego, Yaritza bajó del coche y abrió la puerta del conductor.
—Tú, baja del coche.
Laín se estremeció y salió rápidamente del vehículo.
—¿Señorita Escobar?
—Ve al asiento trasero —dijo Yaritza, acomodándose en el asiento del conductor sin esperar una respuesta.
Luego, Yaritza pisó con fuerza el acelerador y ¡el lujoso automóvil salió disparado! Girando el volante, ¡convirtió las escarpadas carreteras de montaña