—¿Solo son cuatro cientos millones? ¡Te los doy!
Las palabras desenfadadas provocaron total asombro en toda la sala. ¡Recuerda que eso era dinero en efectivo, no trozos de papel de cuatro cientos millones!
El mayordomo y los sirvientes rápidamente le abrieron paso. Yaritza dio un paso adelante, colocándose frente a todos los miembros de la familia Romero. Desplegó de inmediato su presencia, ¡fría y dominante!
El hombre de la cicatriz dio una calada a su cigarro y, ¡al ver a Yaritza, sus ojos tri