Como presidente del Grupo Rivas, Rubén dominaba el arte de calcular cada movimiento.
Sabía que enfrentarse por la fuerza a un proyecto de seguridad nacional solo conseguiría destruirse a sí mismo. Si quería entrar, tendría que hacerlo por la vía financiera e institucional.
Y así fue. La promesa de una inversión de semejante magnitud resultaba difícil de ignorar.
El Proyecto Ascensor Lunar requería una inversión gigantesca. La Agencia ya buscaba grandes empresas dispuestas a financiarlo. Si Rubén