Mi primera reacción fue pensar que Cristóbal era tan guapo y que su apariencia no tenía nada que envidiar a la de los modelos.
Mi segunda reacción fue de vergüenza. Apenas empezaba y ya me pillaron comiendo a escondidas en mi boda. Quise desaparecer.
Fingiendo calma, devolví el pastel a su lugar, me senté de nuevo en la cama actuando como si nada hubiera pasado.
Una risa breve sonó. Cristóbal se acercó y colocó el plato entero de pasteles frente a mí.
—Llevas todo el día sin comer. ¿Hambre?