Cuando regresé a casa de mis padres a los tres días de la boda, mi madre me tomó de la mano y me contó en detalle lo ocurrido con Vicente y Luciana.
—Lisa, tal como predijiste, esa zorra tuvo la audacia de acostarse con otro antes del matrimonio. ¡Qué vergüenza tan descarada!
Ese profesor de piano lo contrató mi padre cuando yo tenía 16 años y Luciana 18. Al principio, siempre elogiaba mi inteligencia y talento.
Pero luego, sin razón, cambió su actitud hacia mí. Comenzó a decirle a papá que e