CAPÍTULO 35
SIENNA
—Demuéstralo. —Me aparto de él y camino por el pasillo sin mirar hacia atrás ni una sola vez. No escucho nada, así que supongo que se ha ido. Toqué el timbre de la señora Virginia y, pocos segundos después, la puerta se abre. Eric sale corriendo hacia mí con su muñeco.
—¡Mami!
—Vamos a casa, mi amor. —Lo abrazo y le doy un beso en la mejilla—. Gracias por cuidar nuevamente de Eric, señora Virginia.
—No hay de qué, hija. Ya te dije que me gusta cuidar de él. Y deja de decirme