La noche ya se había apoderado de la finca de Pedra Azul cuando regresaron del paseo. El día había sido largo y especial: conocer el agroturismo de la región, las bellezas turísticas, los cafetales, las pequeñas producciones artesanales y escuchar las historias locales había encantado a Fernando y Carlos, que regresaron comentando cada detalle, visiblemente impresionados.
En la casa, el olor a comida anunciaba que Dona Amália y Lorena no habían estado ociosas. La mesa puesta era todo un festín: