Lejos de allí, en la sala de interrogatorios, Jorge esperaba. Echó un vistazo rápido al espejo unidireccional. Sabía exactamente lo que había al otro lado, pero mantuvo la mandíbula tensa y las manos entrelazadas sobre la mesa metálica, tratando de aparentar control.
Lo habían detenido unas horas antes, en casa de su hermana, Valéria, mientras visitaba a Mariana. Dos policías se habían identificado, le habían mostrado la orden de detención preventiva y le habían leído sus derechos. Jorge no rea