La reunión ya llevaba más de dos horas y el ambiente en la sala era casi opresivo. Las tablas, las previsiones financieras y las cláusulas del contrato se sucedían rápidamente, pero para Natália todo parecía borroso. Se esforzaba por mantener una postura profesional, pero sus manos temblaban discretamente cada vez que Fernando hablaba con voz firme.
Él dominaba el ambiente con una frialdad que quemaba. Nada en su tono sugería vacilación.
Ninguna emoción.
Cristina, a su lado, percibía el ambien