—Lo que le hice… —dijo con voz ronca—. Lo que hice aquella noche… no me da derecho a retenerla aquí. Debe odiarme.
Carlos apoyó el vaso en el brazo del sillón, mirándolo con seriedad.
—¿Qué le hiciste, Fernando?
La mirada de Carlos delataba su preocupación; sabía que Fernando podía ser impredecible cuando estaba furioso.
Fernando hizo una larga pausa antes de responder, pero no apartó la mirada de Carlos.
—Algo abominable. —Bajó la cabeza y se pasó las manos por la cara—. Algo que me avergüenza