Después de aquella tormenta, la escuela estaba a punto de cerrar por las vacaciones de verano. Augusto hacía tiempo que no aparecía ante mí, y Javier tampoco había vuelto a mi restaurante. Pensé que su actuación finalmente había llegado a su fin y que la vida de Teresa y la mía podría volver a la calma.
Pero ese día, al regresar a casa con una bolsa de camarones, no encontré a Teresa. Me forcé a mantener la calma y saqué mi teléfono para llamar a la maestra de Teresa y a la librería que ella sol