— Vamos, ¡Ya levántate!
Todo está adormilado y un cosquilleo recorre mis labios y mis dedos.
— No puedes perder tiempo, por favor. ¡Abre los ojos!
El viento hace helar mi piel y me siento titiritear.
— ¡Isabel!
Despierto de un solo golpe con el corazón acelerado y me percato que sigo cabalgando y el cemental esta trotando a toda velocidad.
— ¿Pero qué...? — Observo mis manos y tallo mis ojos, al enfocarse mi vista, se dirige al frente y realizo la existencia de un abismo que cada vez está más c