Quise soltar mi mano, pero él me agarraba con tanta fuerza que no quise correr el riesgo de intentarlo. Solo pude mirarlo con indiferencia y decir:
—Suéltame que no voy a disculparme.
David me miró, molesto.
—¿Con que no vas a disculparte? ¿Entonces prefieres ir a la cárcel?
Él siempre había pensado que lo de la piscina fue un accidente. No fue hasta que Valentina empezó a gritar sobre llamar a la policía que se enteró de que supuestamente yo había empujado a Luna.
—¿Sabes que casi matas a Luna?