78. Almas Corruptas
—¿Incapaz de engañar? —repitió con burla, saboreando cada palabra —Pues parece que hasta a ti te engañó… Esa mujer a la que tanto idealizas era una criminal, igual que tu padre. Una delincuente astuta, hija mía.
El veneno en sus palabras hizo que Clara sintiera un nudo en la garganta. Apretó con fuerza su cartera, aferrándose a ella como si fuera un ancla en medio de una tormenta emocional. La rabia comenzó a crecer en su interior, una mezcla de dolor, impotencia y negación. La figura de su ma