El Arte De Manipular Las Piezas.
En los días siguientes, la sala de visitas de la prisión permanecía envuelta en ese silencio incómodo que solo interrumpían el ruido metálico de las puertas automáticas y el eco distante de las conversaciones entre las reclusas. El aire olía a desinfectante y humedad. Las luces fluorescentes, blancas y temblorosas, proyectaban una claridad desalmada que volvía todo áspero, sin vida, teñido por una monotonía gris y sofocante.
Mariana aguardaba sentada con una postura rígida que intentaba transmi