SABINA SARTORI
—¡¿Qué haces en mi habitación, gata estúpida?! —gritó Aurora en cuanto vio a Milán, mi sirvienta, en la puerta sosteniendo una enorme caja blanca.
—Solo vine a entregar esto —dijo con cordialidad, entrando de todas maneras y dejando la caja sobre la cama.
—¿Qué es…? ¿Una mala broma de Sabina? —se burló Aurora cruzada de brazos, luciendo su hermoso vestido rojo de dama de honor.
Era el color que solo la amante del novio usaría.
¿Por qué no me sorprendía?
—Dile a tu dueña que, si e