En la granja se había desatado el caos. Había un caballo desbocado, una mujer que no paraba de gritar y dos hombres con los brazos en alto, intentando acorralar al animal fuera de control.
Dependía de Sara hacer que se detuviera, pero no importaba cuánto la aleccionaran los hombres, porque ella no sabía qué hacer. El animal se apartó de los dos chicos, desesperado porque también se sentía intimidado, y huyó de lo que le parecía bastante aterrador.
Cesare fue tras su caballo, y tal vez había t