¿Estás diciendo que no te casarás conmigo porque le prometiste a un hombre muerto que no te casarías con otra mujer?
El ambiente de aquella casa ya no era el mismo sin la presencia de la mujer que fue repudiada el primer día que puso un pie en aquel lugar.
Sentado en el sillón, los ojos de Cesare Santorini parecían más tormentosos que de costumbre. Había algo oscuro que nadie en el mundo podía explicar, aunque la respuesta era muy sencilla. Su luz se había ido con la mujer que murió.
Dio vueltas a un vaso de bebida mientras miraba la mano con el anillo de casado aún puesto y sintió repugnancia. Todo inspiraba