Punto de vista de Aurora
—¿Qué demonios quieres decir con que no estás en casa? Tú no sales para nada —ladró Lena desde el otro lado del teléfono.
Resistí la tentación de reír. Llevaba dos meses molestándome para que saliera de la cama y, ahora que por fin lo había hecho, se ponía dramática.
—Tengo un trabajo, ¿recuerdas? —le recordé.
—Un trabajo que empezaste ayer.
—Sí, aparentemente me incorporé justo el día en que estaban planeando el viaje de la empresa. Así que aquí estoy.
La oí soltar un