Capítulo 11. Sedaví.
No tenía ni la más remota idea del lugar al que había llegado, pero una cosa si era segura y es que nunca antes había estado en ese sitio, un pequeño callejón rodeado a lado y lado por imponentes edificaciones de épocas muy pasadas, sus muros robustos y descoloridos eran el claro indicio de que esas viejas y exóticas obras de arte convertidas en viviendas debieron de haber presenciado el primer beso de cientos de enamorados, la huida de innumerables gibaros cometiendo sus fechorías, el reverdece