Me encuentro en la puerta de la mansión Galván. No seré una eminencia en leyes, pero mientras Fernando no tenga la custodia completa no puede prohibirme ver a mi hijo.
Llevo más de cinco minutos tocando el timbre, ya las sirvientas me dijeron que tengo prohibido el acceso, pero eso no me detendrá.
Salí de mis pensamientos cuando nuevamente abrieron la puerta. La mujer se ve muy fastidiada ante mi presencia.
—Por favor retírese, señorita, ya le advertimos que no puede entrar.
Rodee los ojos —Y ya