Cuando termine de ducharme y vestirme baje las escaleras y me percate de que Diego y su padre están charlando divertidos. En cuanto Diego me hizo una señal con la mano yo me acerqué a ellos.
—Buenas noches, señor Aníbal.
—Buenas noches —Él me devuelve el saludo
Diego no perdió el tiempo y tomó mi cintura para sentarme en sus piernas. A este hombre ni siquiera le importa la presencia de su padre.
—Amor, estábamos hablando sobre nuestra futura boda.
—¿Ya hablaste con Edward?
Él niega con la cabez