Alexander Grassman sostenía el teléfono en la mano, pero no se movía. Acababa de recibir una llamada desde su casa en Nueva York donde le informaban que su esposa había fallecido en un accidente de auto en los Hamptons.
Se quedó sin palabras unos segundos, pero luego sus sentido práctico se activó de nuevo y le dió instrucciones específicas al ama de llaves para que ordenara a la funeraria que preparara el cuerpo para el funeral que se llevaría a cabo en una semana cuando él regresara.
La sorpr