Alexander Grassman se despertó un poco desorientado, pero al poco rato ya se había hecho cargo de la situación. Recordó que se había sentido particularmente mal en una reunión en la oficina y eso lo contrarió.
«No podía haberme alterado cuando estaba en la oficina —se reclamó— Ahora Perlman está enterado de que no estoy bien»
Alexander sabía que no podía darle mucho cuartel a sus enemigos, y Grant Perlman era el mayor enemigo que había tenido nunca, e Ivonne no era sino la guinda del pastel de