Grant Perlman descendió de su auto luego de aparcarlo en una calle lateral, de allí se dirigió a la oficina del químico loco. Entró en el edificio y se dirigió al cubículo de Daine.
Este parecía que lo hubiera estado esperando en ese preciso momento, porque estaba sentado en su precario escritorio con una amplia sonrisa, y delante de él estaba un frasquito como los de muestras de perfume, el líquido era transparente.
—Señor Perlman —dijo abriendo los brazos para darle la bienvenida— Parece que