—¿Es en serio? —la voz de Ivonne se escuchaba emocionada, aunque un poco afectada.
—Por supuesto, palomita mía, sabes que no me gusta bromear con estas cosas —La cara de Alexander Grassman mostraba una gran alegría, pero era más bien la alegría como la de un niño cuando le cumplían un capricho.
El sostenía una cajita con un soberbio solitario que debía haber costado una pequeña fortuna, Entonces Ivone se acercó y permitió que él le colocara el anillo de compromiso.
—Pero… —Ivonne parecía dudar—