Ese día Grant trató de comunicarse con el bufete de abogados que llevaba los asuntos de Alexander Grassman, pero la secretaria le dijo que los dos representantes de la firma estaban en la corte suprema atendiendo unos asuntos importantes y que al día siguiente ellos lo contactarían.
A Perlman no le gustó para nada que le dieran largas, nunca había sido muy paciente porque le gustaban las cosas de inmediato, pero sabía, a pesar de su frustración, que no podía hacer nada para acelerar este proces