Maximiliano comenzó a reírse llamando la atención de todo el mundo. Valeria entrecerró los ojos y las primas de su esposo perdieron la sonrisa cuando su marido la alzó en sus brazos y dio una vuelta sobre sí mismo a la vez que decía a viva voz.
—¡Te amo, arpía! —Delilah comenzó a reírse y ocultó el rostro en su cuello al sentirse observada.
—No es una arpía, es una víbora y mi nuera preferida, la única que tolero, no como otras que se me quedaban atascadas en la garganta —su suegra se entrometi