—Cuánto tiempo sin venir por aquí, Zafiro. No creí volver a verte desde la vez que te escapaste de mi habitación —le dijo Maximiliano incapaz de guardar silencio por más tiempo.
Su esposa se dejaba llevar por él con docilidad, pero no le engañaba ese pequeño momento de calma. Cada vez la miraba podía ver que se estaba aguantando y quería soltar todo su temperamento.
—¿Qué esperabas que me quedara a esperar a que me pidieras matrimonio? —la escuchó decir con un tono de burla—. Lo que ocurrió no