—¡Delilah, ven aquí! —gritó Maximiliano cuando ella soltó la cubitera vacía en la mesa y la vio dirigirse a la habitación—. ¡¿Por qué hiciste eso?!
Su esposa se detuvo con el pomo de la puerta agarrado y la abrió, miró en su interior y pareció quedarse tranquila al ver que era lo que estaba buscando.
—Lo hice para que te enfríes, al parecer es lo que necesitas. Tú duermes en el sofá, buenas noches.
—Espera, tenemos un trato —en ese momento decir eso fue lo único que se le ocurrió para que ella