—Nana —susurró su hermana en cuanto Marco se fue detrás de Andrea a la cocina, al parecer su empleada tenía un gran cariño por ese hombre—. Es uno de mis jefes, ¿y si me quedo y me reconoce como la que le echó la bebida encima a tu esposo? Mejor me voy.
Delilah no había pensado en eso, pero no quería quedarse a solas con ese hombre.
—No te marches —le pidió.
—Te haré caso, iré a recoger mis cosas a casa y vendré a vivir contigo. Ya no volveré a ese lugar porque un día me acabarán por reconocer