Delilah olvidó su moño mal hecho, su pijama y sus pantuflas.
Primero le iba a preguntar a ese descarado quién era para presentarse en su casa y después le daría con la puerta en las narices.
—Se está equivocando de casa y deje de mirarme así. —Escuchó a su hermana que pregunta quién era y Delilah miró al hombre y dijo—: ¡Un borracho! Pero no es papá.
—¡Cómo que borracho! Solo estoy amanecido —bromeó él sin darle importancia a sus palabras—. Mi nombres es…
—El señor Marco, ¿qué alegría verlo?