Delilah no quiso demostrar lo mucho que le afectó escuchar a Maximiliano hablándole junto al oído, ni lo desconcertada que le dejaron sus palabras.
—¿Por qué tan nerviosa, Zafiro? —le dijo Maximiliano cuando abrió la puerta de una habitación, le cedió el paso y ella dudó—. Querías saber y yo te voy a mostrar, ¿acaso te da miedo quedarte a solas conmigo?
Muchísimo, estaba aterrada y la luz de aquel pasillo solitario en el que se habían metido era mucho más tenue que en el anterior.
Él se había