5. Él Viene
El vapor se elevaba espeso y el aroma a manzanilla se extendía por el aire. Irene se acurrucó plácidamente en los brazos de Steve, intentando adivinar adónde la habían llevado. A medida que el vapor se disipaba, la tenue luz de las velas iluminó su visión. El suave sonido de los instrumentos arrulló sus oídos. Incluso cerró los ojos en el cálido abrazo de un hombre de pecho ancho.
—No te duermas todavía, cariño. Aún no he empezado nada —susurró Steve.
Irene soltó una risita en cuanto abrió un o